En un sobresalto creyendo que me estaba ahogando, pude recordar la última escena que ví. Esa vez hizo frío, uno de esos que imaginamos por separado, en el que llevabámos mucho abrigo, ese que tanto queríamos.
Ahí fué donde me desperté y no pude volver a cerrar los ojos y pensé: “tal vez, la próxima podría regalarte una manzana”.